Poco más de dos semanas después de las elecciones parlamentarias armenias, desde Moscú no llega más que silencio. En un gesto sin precedentes desde que Nikol Pashinián llegó al poder, en 2018, Vladímir Putin todavía no ha felicitado al dirigente armenio por su victoria electoral. Oficialmente, el Kremlin argumenta que espera a la publicación definitiva de los resultados. Extraoficialmente, el mensaje parece más evidente: Rusia observa con creciente incomodidad el progresivo acercamiento de Armenia a Occidente y el resultado de unas elecciones que, teme, consolidará esa orientación en los cinco próximos años. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Los marineros atrapados empiezan a abandonar Ormuz bajo el paraguas de la ONU El Parlamento Europeo exigirá explicaciones a la Comisión por la reunión con talibanes en Bruselas