Sobre el papel, la economía brasileña va sobre ruedas: el PIB creció una media del 3% en los últimos tres años, la inflación está relativamente controlada a pesar de las presiones que llegan desde Oriente Próximo y el desempleo está en mínimos históricos, tan sólo el 6% de los brasileños no encuentra trabajo. Sin embargo, la frialdad de los datos macroeconómicos no se traduce en satisfacción a pie de calle. La popularidad del Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se resiente y buena parte de la culpa la tiene la pérdida de poder adquisitivo de las familias, algo transversal en Latinoamérica, pero que en Brasil es especialmente grave por los elevados niveles de endeudamiento. El 30% de lo que entra en las casas de los brasileños se va directamente a tapar agujeros, el porcentaje más alto de la historia, según datos recientes del Banco Central. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Los Escribano venden su 14,3% en Indra valorado en 1.300 millones Paz se enfrenta a una huelga del transporte público en Bolivia por la gasolina de mala calidad