Manuel Adorni está al borde del precipicio político. La presentación de la declaración patrimonial con la que el jefe de Gabinete argentino pretendía disipar las sospechas que pesan sobre él por supuesto enriquecimiento ilícito ha reavivado el escándalo que lo acorrala desde hace tres meses. Su argumento de que disponía de medio millón de dólares que ocultó al fisco obtenidos, dijo, al invertir en criptomonedas antes de incorporarse al Gobierno de Javier Milei, ha sido puesto en duda por la mayoría de los argentinos. Ha desencadenado miles de burlas, nuevas denuncias y pedidos de renuncia de todo el arco político. Ya no es solo la oposición quien exige que dé un paso al costado —y amenaza con presentar una moción de censura contra él—, sino también los socios parlamentarios de Milei, preocupados por el impacto de esta crisis política en la opinión pública y por el obstáculo que supone para que el Gobierno recupere el control de la agenda. La incomodidad por el respaldo que le otorga el presidente divide aguas incluso dentro del propio Gabinete. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Los últimos días de Alligator Alcatraz, el símbolo de la ofensiva migratoria de Trump Pilar Rueda, esposa de Iván Cepeda: “En esta elección está en juego la libertad de ser”