Orlando Aguirre Córdoba tenía 15 años cuando lo asesinaron. Era el 30 de mayo de 2018. En Nicaragua, esa fecha celebra el Día de la Madre, pero aquel año la festividad se había transformado en un grito de rabia y duelo colectivo. Semanas antes, una insurrección cívica hizo tambalear los cimientos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que la ahogaron con una brutal represión que dejó un reguero de jóvenes asesinados por las fuerzas policiales y parapoliciales. Las madres de aquellas primeras víctimas habían convocado a una movilización nacional bajo un lema que era un diagnóstico: ‘La madre de todas las marchas’. No había nada que celebrar. Era una exigencia de justicia. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Última hora de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, en directo | Pakistán afirma que Irán y Estados Unidos han alcanzado un acuerdo de paz Los últimos días de Alligator Alcatraz, el símbolo de la ofensiva migratoria de Trump