El 28 de febrero pasado, La Habana amaneció con un cartel donde se leyó: “Confiamos en Donald Trump, Marco Rubio y Mike Hammer”. En medio de una Cuba colapsada, las consignas no apelaban ahora a ninguno de los líderes históricos del castrismo, poniendo así en otros la esperanza del país: en Trump, el presidente estadounidense que está prometiendo un cambio en la isla antes de fin de año; en Rubio, el cubanoamericano que ha vuelto a colocar a Cuba en la agenda de Washington; y en Hammer, el jefe de la misión de la embajada de Estados Unidos en La Habana, un personaje que entre la diplomacia y el carisma se ha popularizado en Cuba y —como quien conoce las últimas— les ha asegurado que en poco tiempo tendrán un mejor país. La pregunta ahora era: ¿Quién había puesto ese y otros carteles antisistema que aparecieron a fin de mes en algunas de las principales arterias de la capital?

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Publicado por:​EL PAÍS Edición América: el periódico global

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