Yosef y Dina aprietan el paso. Las sirenas antiaéreas han empezado a sonar sobre Jerusalén, avisando de la inminente llegada de un misil iraní, y el guarda del Museo de la Tolerancia les abre la puerta y anima con un gesto a entrar y resguardarse en una planta subterránea. Les cuesta correr, por su avanzada edad, pero tienen tiempo (unos 90 segundos, habitualmente) y las defensas antiaéreas suelen interceptar los proyectiles.

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