Todo aquel que aterriza en el aeropuerto israelí de Ben Gurión, cerca de Tel Aviv, se encuentra con una imagen inusual: decenas de aviones militares estadounidenses de repostaje y carga estacionados a plena vista. Aunque las autoridades hablan abiertamente de su presencia, el aeropuerto ha puesto un cartel que prohíbe fotografiarlos. Como Israel encadena guerras desde hace casi tres años, pero sufre un daño muy limitado en comparación con el que causa, la anormalidad de la situación (convertir el principal aeropuerto civil del país en potencial objetivo de los misiles iraníes) convive con el hecho de que sigue siendo la principal puerta de salida para irse de vacaciones. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Así terminó la noche para Ilia Topuria: golpeado y sin poder continuar. Su hermano tomó la decisión de parar el combate y evitar más castigo Haaland se sincera sobre Guardiola: «Lo suyo no es normal»