A las 5.04 horas del 28 de septiembre de 2025, las cámaras del sexto piso del hotel Hyatt de San Luis Potosí captaron a Valeria salir de su habitación. Las imágenes muestran cómo la joven, de 28 años, toca en las puertas de varias habitaciones y después se queda parada en el pasillo. Cuando se regresa hacia la puerta de su propio cuarto, se abre otra, algo más alejada. Es la de la habitación 616. De ahí se había asomado en varias ocasiones la figura de un hombre. Le dice algo a Valeria y ella se dirige hacia allí. Después, entra. La puerta se cierra. Son las 5.07 de la madrugada. Una hora y 50 minutos más tarde, esas mismas cámaras graban cómo llegan con urgencia la gerente del hotel, el personal de seguridad y el novio de Valeria. Ella recuerda despertarse, oír cómo alguien mencionaba su nombre y darse cuenta de que no sabe ni dónde está ni quién es ese hombre en boxers que está dentro del cuarto. Está semidesnuda. Se tapa con una sábana y se va llorando a su habitación. Ahí se mira por primera vez al espejo y se da cuenta de que su ropa interior está del revés. “Fue cuando entré en pánico”, señala a EL PAÍS: “No conseguía hablar, solo lloraba. No sabía qué había pasado”. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Kenta Kon, el hombre de números que guardará el puesto al heredero de Toyota El auge de los metales preciosos entra en el radar de la extorsión del crimen organizado en México