Antes de adentrarse en la exigente élite de su deporte, arriesgado y vertiginoso como pocos, Franjo von Allmen (Boltigen, Suiza; 24 años) decidió tomar un camino poco transitado. Sin haberse formado en ninguna prestigiosa escuela de esquí, algo que sí hicieron muchos de sus ahora rivales en los Juegos Olímpicos de invierno, el suizo aprendió durante cuatro años el oficio de carpintero en Zimmerei Chaletbau Schletti AG, empresa dedicada a la construcción de chalés en la que trabajó cada verano por las laderas del cantón de Berna para reunir unos ahorros que le permitieran costearse el mantenimiento de sus propios esquís.

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