El 5 de octubre de 2025, Aurelio manejaba por la costa texana de Galveston porque necesitaba “un momento de respiro”. Cruzó hacia una calle que él y su esposa habían querido conocer, cuando sintió una troca casi encima del maletero de su carro. Al dar vuelta en U en el callejón, una mujer blanca bajó el vidrio y le gritó en inglés algo que él apenas entendió sobre uno de los hijos. Una hora después, mientras jugaba con su niña de tres años en el patio delantero de la casa, dos patrullas de policía de la Oficina del Alguacil de Galveston llegaron a su puerta, lo interrogaron y lo arrestaron. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas En medio de un escándalo político, Milei vuelve a sus dos destinos predilectos: Estados Unidos y España Las futbolistas argentinas que le ganaron a Inglaterra antes que Maradona