Una isla deshabitada y una península con playas de una belleza excepcional. Un terreno paradisíaco y poco explotado. Facilidades de las autoridades locales e inversores multimillonarios. En el papel, la estrategia de Jared Kushner, el esposo de Ivanka Trump, de impulsar dos exclusivos destinos de lujo en las costas de Albania parecía una jugada maestra. Miles de albaneses, sin embargo, tenían otros planes. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas La espera interminable de Perú, el país acostumbrado a contar hasta el último voto Nagelsmann fía la portería de Alemania al “aura” del viejo Neuer