Es muy posible que dentro de poco termine de morir la Revolución Cubana. Sesenta y siete años atrás irrumpió cargada de esperanzas y promesas redentoras. Abundaban los paralelos bíblicos. Doce sobrevivientes del Granma, un mesías que entraba triunfante en la nueva Jerusalem habanera, una paloma que se posaba en su hombro mientras declamaba las bienaventuranzas, el verbo divino prefigurando durante horas de horas el paraíso en la tierra y el demonio yanqui amenazando desde la otra orilla de un mar que separa el paraíso del infierno. Buena parte del cristianismo latinoamericano se convirtió a esta teología de la liberación. Los filósofos, los poetas, los pintores y los novelistas mejor dotados pusieron sus talentos al servicio de la buena nueva. Muchísimos creadores cambiaron sus plumas, instrumentos o pinceles por palas, arados o espátulas para hacer realidad sus fantasías justicieras. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Elecciones en Colombia 2026, en vivo | Iván Cepeda: “Estamos convencidos de que hoy en la tarde celebraremos el segundo gobierno progresista” Polonia advierte del aumento de provocaciones rusas y urge a la OTAN a tomárselas en serio