Mandana Salari, una profesora de primaria de 29 años, supo el 28 de febrero que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán había estallado cuando oyó que había sido atacado el complejo del líder supremo del país, Ali Jameneí. La última conversación que mantuvo con su hermano, Mostafa Salari, tuvo lugar ese mismo día, unos 20 minutos antes de que tres misiles Tomahawk estadounidenses la mataran y cambiaran para siempre la vida de decenas de familias que, en una mañana aparentemente normal, habían enviado a sus hijos a la escuela Shajarah Tayyebeh, en Minab, una ciudad del sur de Irán próxima al golfo Pérsico. En ese ataque murieron 156 personas; más de un centenar de ellas, niños. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas ¿Qué se sabe sobre los planes del gobierno de Trump para imputar a Raúl Castro? Todos los hombres del castrismo: ¿con quién habló el director de la CIA en La Habana?