Playas, manglares, peces, tortugas y manatíes. Poco a poco, el petróleo lo ha cubierto todo. Cerca de dos semanas han sido suficientes para que la pegajosa sustancia negra impregnara todo en su camino. Su avance está lejos de ser silencioso. Desde que los primeros pescadores del Golfo de México denunciaron el hallazgo de chapopote en sus redes, cuando salieron a pescar el lunes 2 de marzo, la progresión no ha parado de ser documentada por las comunidades afectadas de Veracruz y Tabasco. Las llamadas de auxilio han caído, a juzgar por la reacción de las autoridades hasta ahora, en oídos sordos. Las escasas respuestas ante el último desastre ecológico que ha manchado ya 230 kilómetros de costa han llegado a cuentagotas. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Mbappé publica un vídeo para mostrar su mejoría e ilusionar al madridismo La extradición a Chile del exguerrillero Galvarino Apablaza se demora en los tribunales argentinos