La muerte de Nemesio Oseguera, El Mencho, en una operación de las fuerzas de seguridad no es un episodio más en la larga y dolorosa guerra contra el narcotráfico en México. Es un parteaguas. Con la caída de quien fue durante años el criminal más buscado del país, México envía un mensaje inequívoco: el Estado ha decidido ejercer su fuerza sin ambigüedades. La era de los eufemismos ha terminado. El país entierra, con hechos y no con discursos, la política de “abrazos, no balazos” del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas La policía británica arresta al exministro laborista Peter Mandelson por su relación con el ‘caso Epstein’ Marrero, un portero guipuzcoano en el primer equipo de la Real, en crecimiento