Un grupo de ancianos se baja de un autobús y entra a una quinta en una urbanización lujosa en el noreste de Caracas. Se asoman por los balcones rodeados de árboles y recorren sonrientes las habitaciones que el Gobierno ha convertido en un centro social para adultos mayores. Hay servicios médicos, área de ejercicios, salones de formación y peluquería. Están en la casa donde vivió el dirigente opositor Leopoldo López y su familia, hoy exiliados. Pasean por la misma terraza desde donde el político saludó a la prensa y ondeó una bandera nacional, cuando logró obtener una medida de arresto domiciliario —con la mediación del ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero—, después de cumplir casi cuatro años preso en una cárcel militar. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Israel expande su control militar en Líbano y ocupa el histórico castillo de Beaufort Shevchenko mete a España entre las favoritas al Mundial: “Creo que estará en la final”