Keir Starmer ha actuado más como el abogado y fiscal de éxito que fue durante gran parte de su vida que como el político que es desde hace una década. Cuando, de acuerdo con el esquema mental con que operan sus rivales de partido, la cascada de decenas de diputados pidiendo su dimisión debería haber forzado al primer ministro británico a tirar la toalla y abrir un proceso de primarias, ha decidido aferrarse a los hechos y a la norma para intentar sobrevivir. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas El informe sobre desapariciones de la CIDH vuelve a enfrentar a colectivos con el Gobierno de Sheinbaum El juez del ‘caso Plus Ultra’ elimina la prohibición de viajar del empresario amigo de Zapatero porque ha mermado el riesgo de fuga