Aúlla el gentío en Boston en el Día de los Patriotas mientras John Korir, que no corre, sino vuela, empujado por el viento de espalda camino de la meta en Boylston Street, junto a Copley Square, donde resiste la biblioteca pública, de 1895. El keniano, que ya había ganado aquí el año pasado, como en Valencia, hace solo cuatro meses, o en Chicago, ya en 2024, se había distanciado pasado el kilómetro 30. La carrera, la madre de todos los maratones, que alcanzaba su edición número 130, se adentraba en las colinas de Newton. El inicio de una exhibición sin precedentes en el maratón más antiguo del mundo. Un parcial del kilómetro 30 al 40 en 28m 10s. Un acelerón que rompió todos los pronósticos y le permitió incluso bajar de las dos horas y dos minutos (2h 1m 52s) para mejorar en más de un minuto el récord del circuito, en poder de Geoffrey Mutai (2h 3m 2s) desde 2011.

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