Son días donde el país está empapelado de promesas. No hay esquina que no esté atiborrada de afiches que garantizan la esperanza de una vida más digna y próspera, pero sobre todo segura. En el Rímac, un distrito señorial de Lima venido a menos —bautizado con el mismo nombre del río que baña a la capital—, un aspirante a la presidencia se publicita con un ojo biónico para cazar delincuentes. Otro candidato a diputado, que se hace llamar El Patriota, se promociona con una fotografía digna de una vieja película de Rambo: grito furioso, ropa de comando y rostro pintado para camuflarse en el follaje de la selva. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Estreno de Alan Pace en el palco del Spotify Camp Nou pero no en primera fila Jorge Rodríguez: ‘The most important thing in Venezuela right now is the economy’