A Pam Bondi, la fiscal general de Estados Unidos a la que Donald Trump destituyó el jueves, de nada le ha servido arrastrarse ante el jefe. A diferencia de sus predecesores, que se esforzaban por mantener una distancia prudencial de la Casa Blanca para dar imagen de imparcialidad, la abogada (Tampa, Florida, 60 años) se posicionó desde el principio como la principal partidaria y protectora del presidente, elogiándolo y defendiéndolo en audiencias del Congreso, colocando incluso una pancarta con su rostro en la fachada de la sede del Departamento de Justicia. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Represión y cárcel: el único sistema en Cuba que no sufre parálisis Estados Unidos redobla los esfuerzos para rescatar al aviador desaparecido un día después de ser derribado por Irán