Israel ha impedido la entrada a uno de los lugares más importantes del cristianismo, el Santo Sepulcro de Jerusalén, donde la tradición sitúa la muerte y resurrección de Jesús, a la máxima autoridad católica en Tierra Santa, Pierbattista Pizzaballa, y otros tres cargos, para rezar con motivo del Domingo de Ramos. La decisión ha derivado en una polémica de dimensiones internacionales, con condenas del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; los máximos dirigentes de Francia e Italia, Emmanuel Macron y Giorgia Meloni; y hasta el embajador de EE UU y ardiente defensor de Israel, Mike Huckabee. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha respondido defendiendo la acción policial. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas La agresión iraní a Kuwait y la respuesta de la Liga Árabe Roban obras de Renoir, Matisse y Cèzanne de una importante colección privada en Italia