Estados Unidos impulsó a inicios de la década de 1990 la lucha contra el narcotráfico y organizó una cumbre antidroga en Cartagena de Indias con los principales países productores de hoja de coca: Perú, Colombia y Bolivia. Tres meses después, en mayo de ese año, el presidente boliviano, Jaime Paz, visitó a su homólogo estadounidense George Bush en Washington para definir la estrategia conjunta. En el encuentro, Paz le obsequió un crucifijo familiar con filigranas de oro, pero con una cláusula: sería devuelto cuando uno de sus hijos llegara a ser presidente. “Bush no quería recibir el crucifijo. Me dijo que no podía aceptarlo por el valor simbólico que tenía, pero yo insistí y al final accedió”, contaba años después. El sábado, treinta y cinco años más tarde, Estados Unidos le devolvió el regalo al hijo de Jaime Paz y actual jefe de Estado boliviano, Rodrigo Paz. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Una socia, ‘speaker’ en el vital Espanyol-Oviedo para celebrar el Día de la Mujer El Panathinaikos de Rafa Benítez golea antes de recibir al Betis