La madrugada del 2 de marzo de 2016 dos hombres cruzaron el umbral de una casa en la pequeña ciudad de La Esperanza, en el occidente de Honduras, y dispararon. Diez años después, el país centroamericano todavía escucha el eco de aquella detonación. El asesinato de Berta Cáceres ha marcado la historia reciente hondureña, uno de los países más peligrosos en el mundo para los defensores de derechos humanos. La lideresa lenca convirtió la defensa del río Gualcarque en un pulso contra empresarios, militares y bancos internacionales. Una década más tarde, el crimen es símbolo de avance judicial, aunque la justicia sigue incompleta. Este reportaje reconstruye las últimas horas de la activista y la lucha del pueblo lenca, que no desfallece en la búsqueda de esa justicia y en la protección de sus valiosos recursos naturales.

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Gustavo Castro en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, el 25 de febrero de 2026. Felipe Gómez y Adolfo Gómez en El Roble, sitio en el cuál acamparon pobladores de la comunidad Río Blanco para defender el río Gualcarque.Pobladores de la comunidad Río Blanco, en Intibucá, el 11 de febrero de 2026. Personas caminan frente a un mural dedicado a Berta Cáceres, en la comunidad La Esperanza.Camilo Bermúdez, integrante de la Comisión Ejecutiva del Copinh.Catalina Hernández enciende veladoras en un altar dedicado a defensores medioambintales en las instalaciones de Copinh.Las instalacioneds del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, en La Esperanza. La tumba dónde fue enterrada Berta Cáceres, en la comunidad La Esperanza.

Texto:

Carlos Maldonado.

Fotografía y video:

Nayeli Cruz.

Edición de video:

Paulina Estrada.

Edición visual:

Gladys Serrano.

Diseño y maquetación:

Mónica Juárez Martín y Ángel Hernández.

Publicado por:​EL PAÍS Edición América: el periódico global

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