Los Mundiales organizados en México tienen una mancha que ha dañado su imagen antes de su arranque. En 1970, el país aún estaba herido por la matanza de estudiantes en Tlatelolco, en 1986, el Valle de México se recuperaba de un terremoto mortal. Ahora, en 2026, la herida abierta será la de la violencia tras la caída del narcotraficante más buscado del mundo. Tras esa sacudida, los mexicanos quieren recuperar su normalidad, su fiesta y alegría de ser anfitriones por tercera vez de la Copa del Mundo. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas “No es momento de hablar de banquillos” La Casa Real advierte al rey emérito de que para volver “debería recuperar la residencia fiscal en España”