De una manera u otra, los cubanos creen que la forma en la que hasta ahora han conocido la vida está a punto de concluir, sea porque va a llegar una vida nueva desde afuera, o porque ya agotaron los modos de seguir viviendo en un lugar que ha padecido durante meses una crisis sanitaria aguda y una triple epidemia viral; donde los vecinos queman cables, plásticos, pedazos de tela y cualquier cosa que encuentren para prender el carbón de la cocina; con apagones de varios días seguidos, barrios sin agua durante semanas, cursos escolares reducidos, cientos de presos políticos, y miles de trabajadores que van a sus puestos laborales a ganar un sueldo simbólico y a que el tedio y la mentira los consuma. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Portada MD Gipuzkoa 16 de febrero El nuevo embajador argentino ante la UE lleva a Bruselas el estilo explosivo de Milei