El caso del pederasta Jeffrey Epstein ya no es solo un problema de Estados Unidos: se ha convertido en una prueba de estrés para otros gobiernos e instituciones que parecían inmunes. En Reino Unido, la desclasificación masiva de documentos ha puesto en el punto de mira al embajador en Washington y ha colocado en una posición muy delicada al primer ministro, que fue quien lo nombró.

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