En diciembre de 2022, en una feria de armas en Phoenix, Arizona, Ana Camarillo intentó comprar una Barrett M82, un rifle de francotirador semiautomático de calibre 50. Es un arma diseñada para destruir blindaje ligero, estructuras, equipos de comunicación y aeronaves en tierra. Destaca por su potencia y alcance efectivo entre 1,5 a 2,5 kilómetros. Su precio oscila entre los 8.000 y 14.000 dólares. Camarillo no podía levantar el armamento sola, pero aun así, el comerciante se lo vendió. Lo pagó en efectivo. Ese mismo día, en el mismo recinto, otro grupo de personas también compró otros siete rifles calibre 50, cinco rifles de asalto y dos pistolas. Tres años después, uno de ellos fue recuperado en Sinaloa el 24 de marzo de 2025. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Del pinar a la exportación: la apuesta argentina por el piñón Andrés Velásquez, líder opositor tras 16 meses en la clandestinidad: “Hay que ponerle un cronograma al plan de Marco Rubio en Venezuela”