Andrés Velásquez, uno de los dirigentes más conocidos de la oposición venezolana, pasó 16 meses en la clandestinidad. Escondido desde que se desató la represión tras las elecciones de julio de 2024, en las que Nicolás Maduro se autoproclamó ganador, afrontó condiciones de vida extremadamente herméticas y restrictivas: durante todo ese tiempo no pudo poner un pie en la calle ni ver a su familia. Su rostro refleja las consecuencias de aquel rigor: ojeras, un tono de voz que denota agotamiento y una barba inusual. “A veces, algún policía me lanzaba un pitazo clandestino para alertarme de que me podían estar buscando y me movía de lugar”, cuenta el exgobernador de Bolívar, de 72 años. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Reclutamiento por redes y pagos de hasta 14.000 dólares: una red trafica armas desde Arizona a México Lidiando con Trump a ambos lados del Atlántico