Fueron solo seis segundos, pero suficientes para hacer historia. El domingo, durante el espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl LX, la taquería Villa’s Tacos del barrio de Highland Park, al noreste de Los Ángeles, tuvo un cameo. El lunes, la fila en el lugar duraba hasta una hora. Se expandía por los comercios vecinos, como un par de peluquerías (tanto humanas como caninas). Los noticieros locales desplegaban sus camiones para ver al cocinero estrella de la ciudad, Víctor Villa, que llegaba a su negocio entre aplausos y confeti de colores. Feliz, acompañado de su equipo y de sus padres, daba las gracias a sus clientes nuevos y a los antiguos —a quienes les regalaba cervezas Modelo y Pacífico—, a su familia, a quienes han creído en él durante estos años para sacar su negocio adelante. Emocionado, se fundía en largos abrazos con sus compañeros de trabajo.

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