Durante décadas, la salud pública fue uno de los pocos espacios donde la cooperación internacional logró imponerse a la lógica de bloques. La vigilancia epidemiológica, la investigación biomédica y la respuesta ante emergencias se construyeron sobre una premisa simple: los riesgos no reconocen fronteras. Cuando esa lógica se subordina a proyectos políticos nacionales, las consecuencias rara vez se detienen en un solo país.

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Publicado por:​EL PAÍS Edición América: el periódico global

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