“Todo el mundo cree que en 2001 fue la peor crisis, pero para nosotros esta es la peor crisis que hemos vivido”, dice David Kim, parado en un sector inerte de su gran nave industrial, que ocupa casi tres manzanas en el barrio de San Martín, en la periferia de Buenos Aires. A su alrededor, 12 máquinas de tejer compradas en Alemania en los últimos cinco años —armatostes circulares de tres metros de diámetro y 2.000 agujas cada una, con la capacidad para confeccionar dos rollos de tela cada hora— se llenan de polvo en completo silencio. “Este es el sector donde fabricamos telas de poliéster, pero por la importación ya no hacemos más”, explica. Es miércoles por la mañana y en este lugar no hay ruidos ni movimientos, ni de máquinas ni de personas. Seguir leyendo Publicado por:EL PAÍS Edición América: el periódico global Navegación de entradas Mbappé rescata al Real Madrid del abismo ante el Rayo El niño Liam Conejo, detenido por el ICE, regresa a Minneapolis tras ser liberado junto a su padre por orden de un juez