Una de las cuestiones que más expectación despertó en los días del cónclave, los pasados meses de abril y mayo, fue dónde viviría el nuevo papa. En medio de las guerras internas de la Iglesia católica, se le dio una trascendencia particular para comprender qué camino seguiría su pontificado. Una opción era de continuidad con Francisco, que dejó el apartamento pontificio, como gesto de austeridad, para instalarse en el hotel vaticano donde se alojan los cardenales de paso por Roma. La otra era regresar a la tradición, como señal de que recuperaba la institucionalidad papal y las cosas volvían a ponerse en su sitio. Sin embargo, León XIV, muy en su estilo, se tomó su tiempo, encargó unas reformas y al final ha tomado la calle del medio: según el diario La Repubblica, no vivirá en el famoso apartamento del tercer piso del palacio apostólico, sino encima, en un entresuelo de menores dimensiones entre esa planta y el tejado que ya se ha bautizado como “buhardilla”, aunque no tiene el techo inclinado.

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Publicado por:​EL PAÍS Edición América: el periódico global

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